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El sentido de un final

Vuelvo al blog para hablar de una novela. Pero antes quiero reflexionar sobre lo que se lee y lo que se puede leer.
Desde el verano decidí que era el momento de afrontar lecturas aplazadas por el excesivo, según mi opinión, número de páginas. Las trilogías publicadas en un volumen encabezan ese reto difícil para mí. Ya he dicho en otras entradas y en otros lugares que lo que no se cuenta en menos de trescientas páginas me cansa y aburre y que el deseo de terminar de una vez la dichosa lectura se convierte en más importante que lo que ocurre en la trama. Por eso comencé con la Trilogía de Depford de Robertson Davies pero me leí solo el primero libro, El quinto en discordia, que me resultó una lectura magnífica y por ello decidí abandonar los otros dos para más tarde y así no odiarlos. Los tengo a la espera de que llegue el momento de continuar. Después empecé a leer 1Q84 de Murakami, libros 1 y 2. He dejado el Libro 3 para cuando se me pase el agotamiento de las otras partes. Advierto que me han gustado las dos primeras pero he acabado cansado de los personajes y del ambiente. Detrás me leí Si esto es un hombre y La tregua de Primo Levi y he dejado Los hundidos y los salvados para otro momento, así creo que lo saborearé mejor.
Con todo esto comprenderán que me sorprenda la lista de más vendidos que he encontrado en la revista Qué leer, donde los tres primeros puestos están ocpupados por Cincuenta sombras de Grey de E. L. James y sus dos secuelas. Seguramente que son los mismos lectores los que aúpan a estos exorbitantes puestos estas mismas lecturas. Me resultaría imposible embarcarme en otra trilogía este año sin acabar las otras tres, sobre todo, si el siguiente libro más vendido en esta lista es uno de Jorge Javier Vázquez, ese gran intelectual español contemporáneo.
Por todo esto decidí que era el momento de leer El sentido de un final de mi admirado Julian Barnes, de 186 páginas y premiada con el Man Booker del 2011. Novela a la que no le falta ni le sobra una letra. He terminado su lectura, he repasado en ese corto espacio la larga vida de Tony Webster. Sé todo lo que interesa de su pensamiento y de lo que marcó dramáticamente su vida y me he dejado llevar lentamente, por medio de la narración cautivadora e intrigante de Barnes, hasta el final sorprendente. Para mí es el ideal de una novela.
Creo que ahora he recuperado las ganas y el ánimo para acabar con las trilogías pendientes.

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