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Lecturas veraniegas

Luis Portillo, el protagonista de El cráneo de la Araña, cuando volvía de sus viaje "inverso" por Europa comentaba: "Cada camino confluye en otro nuevo. Si queremos regresar por cualquier vía, para empezar, iremos en sentido contrario y lo que veremos ya no es lo mismo." Estoy de acuerdo con Luis -como no puede ser de otra manera-, esta semana me siento como si volviera de un largo viaje, como si algo me hubiera cambiado y no reconozco los lugares comunes. El viaje del que hablo no es el de Polonia, ya hace semanas que regresé, son las vacaciones y mis lecturas. Es importante desconectarse de la rutina de todo el año y una manera de evasión son los libros. Gracias a las novelas que he leído he estado en Madrid con Mendoza, en África, Perú e Irlanda con Vargas Llosa, en la Costa Brava con Bolaño y sobre todo, donde a él le ha dado la gana, con McEvan. Tras Solar,  que ha sido el mejor libro sin discusión, los demás me han dejado sensaciones diversas más o menos e...

Viaje a Polonia (III)

Hay ciertos temas tan manidos o delicados que cuesta trabajo tratar. Me he resistido a escribir sobre mi visita a Auschwitz, pero ha sido una momento importante de mi viaje a Polonia y forma una parte imborrable de lo que he vivido este verano. Lo que me queda de esa experiencia no es muy distinto de lo que sentía antes de visitar el campo de concentración: no he descubierto nada que no supiera. Se trata de un asunto peliagudo que desde 1945 ha sido criticado, comentado, interpretado y recreado por directores de cine, escritores, historiadores, políticos, periodistas, etc. Yo solo puedo aportar una descripción de lo que vi y sentí como visitante de Auschwitz y como turista. Hay algo de teatral en la visita. Llevábamos unos auriculares que nos hacían concentrarnos silenciosamente en las palabras del guía brasileño. Empezamos pasando bajo la famosa y cínica inscripción: "Arbeit macht frei" ("El trabajo nos hace libres") y fuimos recorriendo el campo en grupo: éramos...

Viaje a Polonia (II)

En El cráneo de la Araña recreo la proclamación del Cantón de Málaga en la actual plaza de la Constitución. Pretendo plasmar la ilusión que rodea cualquier cambio político o revolución en los que los apoyan. Más tarde, en prácticamente todos los casos que conozco, el desengaño suele ser tremendo. Vivimos una época en la que las ideologías tradicionales o revolucionarias han muerto: fracasadas o desfasadas. En Polonia he percibido más que en ningún sitio dicho desengaño. En Gdansk (Danzig) visitamos la plaza Solidaridad justo delante de los astilleros donde se fraguó el origen de la caída del comunismo. Las instalaciones están casi abandonadas, sobraban muchos trabajadores y en la nueva economía capitalista, los astilleros no eran competitivos. Menos paro frente a más libertad. Decían por allí que antes tenían dinero, pero nada que comprar y ahora tienen mucho que comprar, pero no dinero. Sin embargo, añaden que están mejor así. Recordemos no obstante que se trata de un pueblo que par...

Viaje a Polonia (I)

Hace una semana estaba atravesando a esta hora un bosque polaco de la vieja Prusia. Decidí escuchar a Kraftwerk en alemán. Pensé que me entrarían ganas de tomar Varsovia, como a tantos otros, pero solo me dieron ganas de mover el pie derecho al ritmo de la música. No hay belicismo en esa música, tal vez tampoco en Wagner. Polonia tiene el defecto de ser el centro de Europa y ha sido la víctima ideal para que sea machacada por todos lados. He visto iglesias destruidas, como la del castillo de Malbork, ciudades reconstruidas para que los nietos de los que demolieron sus edificios puedan venir a pasar sus vacaciones admirando la capacidad de renacer de los polacos. Una historia repleta de invasiones y mala uva. Al polaco le quedan dos respuestas: el resentimiento y la venganza u olvidar los errores a través del nacionalismo obsesivo. Ya sé que ni soy polaco ni he vivido nada parecido: cuando yo nací, todo a mi alrededor llevaba en pie muchos años. Sin embargo, sí he heredado ciertos ...

Ian McEwan y SOLAR

Siempre que me marcho de viaje intento llevarme alguna lectura relacionada con el lugar que visito, por ejemplo, en Praga a Kafka, en Barcelona a Mendoza, en París a Apollinaire. Cuando en el verano del año 2000 fui a Londres para acabar con el milenio, me llevé Amsterdam de Ian McEwan. Hasta aquel momento no había leído nada de él, solo lo conocía por referencias hacia este y otros escritores británicos contemporáneos, Martin Amis o Julian Barnes entre otros, en la revista Qué leer,  como "la nueva revelación de las letras británicas" que habían llegado para renovar los aires de la agotada literatura inglesa. Lo escogí al azar y acerté. Amsterdam me hizo recorrer Londres de forma paralela y me ayudó a descubrir a McEwan. Cuando leí Expiación , confirmé lo que ya esperaba, que McEwan me había abierto nuevamente las puertas a la mejor literatura inglesa. Otra novela, Sábado me cautivó también y aunque Chesil Beach  fue decepcionante,  Solar, ...

Nómadas

Está la Historia y la vida del hombre (legendaria o real) plagada de viajeros con excusas diversas para justificar su nomadismo: que si han pactado con el demonio como Van der Decken, el famoso holandés errante; que si quieren evadirse de la realidad; que si conocer otros mundos; que si tal o cual. Y en verdad todos reconocemos esa sensación instintiva. En el más mínimo momento en el que tenemos la posibilidad de alejarnos de nuestro mundo inmediato, de nuestras obligaciones y conocer otros espacios distintos, buscamos barcos, aviones o bicicletas para salir huyendo. La mayoría estamos en estos días organizando un viaje o ya por ahí (en Japón o haciendo el camino de Santiago) y los que no, algo se lo impide. El ser humano tiene una raíz nómada, qué le vamos a hacer. Si nos acercamos al aeropuerto veremos un enjambre de personas de diversos tamaños y etnias atravesando pasillos sin parar e ingiriendo alimentos constantemente, igual que nuestros antepasados que recorrían senderos ...

Presentaciones

Con menos de un día de diferencia tuvieron lugar los actos de presentación de dos libros. En el primero, el de  A estas alturas , yo estaba entre el público; en el segundo, El cráneo de la Araña , tras el micrófono. En los dos, Ángel Montilla habló con distinta careta: como poeta y como presentador. Fue una semana mágica y emocionante. Mientras que esperábamos que terminaran de llegar los asistentes a la presentación de mi novela entró el verano y dos días después fue la noche de San Juan. Un halo especial marcó toda la semana pasada. Como esperaba, la presentación de A estas alturas , fue original y amena. En una terraza atestada, escuché los poemas de Ángel Montilla como siempre, con admiración y a la espera de su ingenio. La música: saxo, guitarras y maracas, le dio un toque especial, convirtiendo el acto en un espectáculo fantástico. La presentación de El cráneo de la Araña fue más tranquila, pero no falta de emoción. Tengo que agradecer el interés y la amabilidad de lo...